RE-CREACION DE LA FOGATA.
Te conocimos hace años,
rojo, amarillo y azul
eran tus colores
reflejando e iluminando
rostros juveniles;
esas que eran nuestras caras.
No sabíamos
que pronto tu rojo
se derramaría
por las calles y tierras,
que tu amarillo
sería el emblema
del dolor;
y que tus azules cabellos
atarían las cajas de la muerte.
En esos tiempos,
melodías flotaban
a tu alrededor,
adolescentes rasgueando
las sensuales guitarras,
haciendo que de ellas,
llenas de esperanzas brotaran canciones.
Se estaba
construyendo un mundo
y por las noches
los danzantes constructores
nos acercábamos a tu calor;
claro eran otros tiempos.
Te perdiste;
por años no te vi ni supe de ti;
tu encanto se apago,
no había quien te mantuviera viva
la siniestra ferocidad acabó contigo.
Los jóvenes que pudieron,
crecieron;
otros,
se evaporaron en el río rojo
en que te transformaron,
los demás esperábamos al azul vivificante.
La penumbra de ansiedad tocaba a las puertas,
recorría las calles y las paredes de las ciudades.
Al tiempo retornaste,
ya no eres centro de alegrías;
los de cabellos largos ya no están,
el lacerante dolor reemplaza a las canciones.
Se te nota el paso de los años
¿o es que a ti también te hicieron daño?
Tu pelo ya no es azul
te han salido canas negras;
duelen los ojos observarte.
Los sensuales cuerpos musicales
ya no están junto a ti;
en su lugar el remachado aluminio
de boca ancha
gritando, gritando.
El rojo que tenias se deslizo de tus venas;
todos sabemos por donde corrió.
Nuevamente eres lugar de encuentro,
ahora, no todos son tus amigos,
esta vez las gentes no están a tu alrededor.
Las canciones ,
las alegrías y las esperanzas
no son las que ahora giran en torno a ti,
porque el amor y la juventud no están a tu lado.
El peñasco es ahora tu acompañante,
está cerca de ti;
sale de ti, en tu defensa
y en defensa de los olvidados
derribando falsos iconos.
Son otros los danzantes,
pocos de los antiguos,
todos con dolor, desesperados.
Estás ahí,
intentando detener los relojes,
alojada en senderos,
impidiendo el cruce de los salvajes.
Te transformaron,
hay quienes ya no te conocen,
olvidaron la fuerza juvenil,
que cada noche expelías.
Un día
te sacarás el maquillaje de horror,
volverán tus largos cabellos azules,
purificarás los espíritus de los nuevos jóvenes,
y a los que ya no lo somos,
nos devolverás la alegría robada.
Nos reencontraremos en las penas
y también en las alegrías,
nos verás melancólicos,
serán otras guitarras,
serán otros guitarreros,
los que nos devolverán un poquito,
un poquito nada mas,
de aquella alegría,
saludaremos a los que no retornaron,
quedarán tus brasas y nuestra melancolía.
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Dos tiempos vividos en Chile; rescato este poema escrito a fines de los setenta o principio de los ochenta; en todo caso seguro que fue durante las primeras protestas contra la dictadura en Chile.
ResponderEliminarAhora me sirve para hacer un homenaje a tod@s es@s compañer@s jóvenes y adolescentes que se embarcaron en y con la bella utopía.