Como cuando recorrimos aquellos canales proletarios,
hijos de proletarios nos mojábamos en ellos.
Como cuando esbozábamos un sueño infantil
junto a los hierros que saltábamos para caer en la arena.
¿Te acuerdas?
¿Quizás ese sueño no se nos cumplió a ninguno?
¿O quizás si?
Claro que el sol es uno solo,
aunque en mis atardeceres que son tus amaneceres
nos ciegue y no nos permita visualizarnos siquiera.
Pero esta triple o cuádruple hermandad nuestra,
nos señala que el otro está ahí
y aunque la centenaria carta
empezada con la vieja técnica
nunca ha sido terminada
y vuelva a mi
y tu con ella,
cada vez que busco entre el resto de los recuerdos,
sé que el cariño sigue presente.
Bien pues primo, hermano, amigo, compañero;
con el recuerdo del Gran Conductor
te envío mis abrazos,
esos que nos deben el tiempo y la distancia,
los que como tu dices tendrán que ser reales.
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