Todos pretenden levantarte un altar
al mencionarte,
muchos inflaman su retórica
Pregonan tu esfuerzo y sacrificio,
quienes debieran cambiar
con sus pálidas acciones, tus abnegaciones,
se escudan tras melindrosos pareceres,
su perdida opinión resopla pestilencia
porque no cambiará su diario afán incongruente.
Pero tu te alzas contra los pérfidos,
en silencio acarreas con tus movimientos
la argamasa básica de todo tu linaje,
con frenético trajinar
alcanzas al sol por las mañanas,
y la luna se rinde a tus pies por las noches.
Ahí está el tálamo y la mesa,
dispuestos los pucheros precisos para el clan,
tu desfilando
eternamente entre los habitáculos de tu morada.
Ay, ¿quien dispusiera de los pinceles?
ay, ¿quien con contara con las palabras?
ay, ¿quien cambiara tus pesadumbres cotidianas?
ay, ¿quien levantara con los lienzos diarios
la bandera mas trascendental para tu figura?
lunes, 8 de marzo de 2010
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