La mujer con su labia les doró a todos la pildora, ciento y algo la escuchaban. Somos como una gran familia decía la encantadora, pero siempre hay un hijo que se porta mal. Todos callaban, algunos bajaban la cabeza asintiendo. Por eso esta carta me sabe mal y mas aún si nadie la firma, dijo la mentirosa, por esta es una gran familia. No importa, haremos borrón y nos olvidaremos de este papel, dictaminó la felona. Pero antes me gustaría saber una cosa, inquirió la traidora ¿usted firmaría este papel?
Todos le miraron, él no dudo, sí, respondió.
No sucedió como en las películas yanquis, nadie movió su boca, nadie levantó su mano. Aunque él no lo esperaba todos guardaron silencio.
Bueno pues ya no importa, dijo la inquisidora rompiendo el papel.
Él lo supo inmediatamente, su hora estaba fijada.
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